Hay momentos en la vida que marcan un antes y un después, incluso cuando uno no los busca.
Nehuén, un niño de 11 años de Buenos Aires, llegó por primera vez a una reunión de Awana/Descúbrelo casi al final de la sesión. No esperaba nada más que escuchar algunas historias y volver a casa, pero en ese instante algo sucedió en su corazón. Al oír hablar de Jesús, de Su vida y de Su sacrificio en la Cruz, sintió el abrazo de un Padre que lo quebrantó. De pronto comprendió que aquel sacrificio no era una idea lejana: Jesús había muerto por él. Le conmovió tanto que no encontraba palabras para dar gracias, y sólo podía decir entre lágrimas que el amor de Dios por él lo emocionaba profundamente.

Aquel encuentro no quedó en una emoción pasajera. Después de ese día, Nehuén comenzó a volver semana tras semana. Empezó a leer la Biblia por su cuenta y descubrió que las historias que escuchaba —como las de Daniel o Job— hablaban de un Dios real que actúa y cuida a Sus hijos. Cada reunión se convertía en un espacio en el que podía sentir la presencia de Dios, entender lo que enseñaba la pastora y compartir lo aprendido con sus amigos.
Aquel encuentro no quedó en una emoción pasajera. Después de ese día, Nehuén comenzó a volver semana tras semana. Empezó a leer la Biblia por su cuenta y descubrió que las historias que escuchaba —como las de Daniel o Job— hablaban de un Dios real que actúa y cuida a Sus hijos. Cada reunión se convertía en un espacio en el que podía sentir la presencia de Dios, entender lo que enseñaba la pastora y compartir lo aprendido con sus amigos.
Hoy, con 12 años de edad, Nehuén sigue asistiendo a su grupo de Awana/Descúbrelo junto a sus amigos. Ha dejado atrás la vergüenza y disfruta hablar de Jesús con naturalidad. Mirando al futuro, sueña con servir en su iglesia, especialmente en el área de Medios, utilizando sus talentos para que más personas conozcan a Jesús.
La historia de Nehuén es un testimonio poderoso de cómo Dios obra en el corazón de un niño cuando su Palabra se hace real. A través del discipulado y del acompañamiento de Awana, lo que comenzó como un encuentro inesperado se ha convertido en una fe firme que crece y se comparte. Este tipo de transformación no sería posible sin el apoyo de quienes creen en la misión de formar a niños en todo el mundo para que conozcan, amen y sirvan a Jesús.
En nombre de Awana, de la iglesia local y de niños como Nehuén, ¡gracias!
Nehuén, 12 años
Participante de Awana/Descúbrelo
Argentina
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