Misionera global Asistente Proyecto Frontera

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En el corazón de México 🇲🇽, nació Wendy Larios, una mujer que hoy es esposa de César Badillo y madre de tres hermosos hijos: Alexis, Keiry y Brenda, con la alegría añadida de un nuevo miembro en la familia, su yerno Abraham. Su infancia, según sus propias palabras, estuvo marcada por el profundo amor de sus padres, quienes siempre procuraron su bienestar y el de sus hermanos. Sin embargo, un evento transformador ocurrió cuando Wendy tenía solo ocho años. Su madre comenzó a levantarlos temprano cada semana para llevarlos a un lugar, hasta entonces, desconocido para ella: la iglesia.

Cada semana, su madre asistía fielmente con sus tres hijos: el menor de cuatro años, otro de seis, y Wendy, la mayor, con ocho años. Con el tiempo, ese lugar se volvió familiar, y allí sucedió algo especial. Wendy recuerda  asistir a la clase de niños, y un día, la maestra se le acercó con una invitación sencilla: “Wendy, ¿te gustaría ayudarnos a contar la historia bíblica?” Esa pregunta encendió en ella una chispa que, en ese momento, no comprendía del todo, pero que más adelante cobraría un sentido profundo. Agradada por la idea, Wendy aceptó. Ese fue el inicio de su caminar en la enseñanza a niños. Aunque aún no había entregado su vida a Cristo, hoy puede ver con claridad que Él ya había tomado la iniciativa de acercarse a ella, comenzando a escribir su historia en su vida.

Cada semana, su madre asistía fielmente con sus tres hijos: el menor de cuatro años, otro de seis, y Wendy, la mayor, con ocho años. Con el tiempo, ese lugar se volvió familiar, y allí sucedió algo especial. Wendy recuerda  asistir a la clase de niños, y un día, la maestra se le acercó con una invitación sencilla: “Wendy, ¿te gustaría ayudarnos a contar la historia bíblica?” Esa pregunta encendió en ella una chispa que, en ese momento, no comprendía del todo, pero que más adelante cobraría un sentido profundo. Agradada por la idea, Wendy aceptó. Ese fue el inicio de su caminar en la enseñanza a niños. Aunque aún no había entregado su vida a Cristo, hoy puede ver con claridad que Él ya había tomado la iniciativa de acercarse a ella, comenzando a escribir su historia en su vida.

La conversión de fe de Wendy no fue un proceso gradual en el que Dios obró pacientemente en su corazón. Tenía once años cuando un pastor se le acercó y, con ternura y sabiduría, le hizo una pregunta sencilla pero profunda: “¿Wendy, para ti quién es Jesucristo?”. Sin dudarlo, respondió con convicción: “Mi Señor y Salvador”. El pastor continuó: “¿Y por qué crees que es tu Señor y Salvador?” A lo que ella contestó: “Porque Él murió por mí y perdonó mis pecados”. El momento exacto en que llegó a comprender esta verdad tan profundamente sigue siendo un misterio para ella. Lo que sí puede afirmar es que Dios usó cada experiencia, cada palabra y cada oportunidad para guiarla a Sus pies. En su caso, el Señor usó la enseñanza bíblica a otros niños como el medio por el cual Él la atrajo hacia Sí. Enseñar, la llevó a conocerle, y conocerle transformó su vida.

Actualmente, Wendy sirve en Awana como Especialista en Entrenamientos. Esta labor le permite compartir su pasión por el Evangelio y el discipulado, con el anhelo de alcanzar a los niños que aún no conocen a Cristo, y formarles para que sean discípulos comprometidos con la obra del Señor. Siempre ha creído que evangelizar es apenas el inicio; la tarea está incompleta sin el discipulado. Invertirse en la vida de cada niño, acompañarlo en su caminar con Cristo, enseñarle a conocerle, amarle y servirle por el resto de su vida, es la verdadera misión. Por eso, esta labor no solo es un privilegio, ¡es un propósito que vale la pena vivir!

Su mejor aporte al ministerio ha sido la capacitación y el entrenamiento, fortalezas que el Señor le ha permitido desarrollar y disfrutar profundamente.

El anhelo más profundo de Wendy es que Cristo sea formado en las vidas de aquellos a quienes sirve. Que corran con ella con pasión, con entrega y con la convicción de vivir para Su gloria. Porque al final, todo lo que hace —capacitar, entrenar, organizar— tiene un solo fin: que una nueva generación conozca, ame y sirva a Jesús todos los días de su vida.

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