Awana acompaña a niños y adolescentes en La Guaira
La Guaira, Venezuela. Frente a las ruinas de lo que alguna vez fueron sus hogares, varias familias continúan viviendo en carpas y refugios temporales después del terremoto ocurrido el pasado 24 de junio.
En medio de esta realidad, el equipo de REDES Awana Venezuela, junto con entrenadores, líderes locales y la Iglesia Príncipe de Paz, realizó una jornada de discipulado y acompañamiento emocional y espiritual dirigida a niños y adolescentes afectados por la tragedia.
Anyela Morales, coordinadora nacional de REDES Awana, relató que llegar al lugar produjo en ella sentimientos encontrados.
“Al principio sentí temor de enfrentarme a esa realidad, pero al llegar comprendí que, a pesar del desastre, el discipulado en cualquier contexto no puede detenerse”, expresó.
Mucho más que una entrega de ayuda
La jornada no se limitó a responder a las necesidades materiales de las familias. Su principal propósito fue crear un espacio seguro en el que niños y adolescentes pudieran sentirse escuchados, valorados y acompañados.
Para ello, el equipo utilizó recursos desarrollados por Awana para brindar apoyo en contextos de crisis, combinando actividades recreativas, conversaciones personales, enseñanzas bíblicas y momentos de acompañamiento emocional.
Gracias a diferentes alianzas y donaciones, también se entregaron kits de higiene personal, toallas infantiles, ropa nueva y meriendas especiales.

Cada paquete de ropa fue preparado individualmente, teniendo en cuenta las edades y tallas de los participantes. Estos pequeños gestos permitieron que cada niño y adolescente recibiera algo pensado especialmente para él.
Entre las meriendas se incluyeron manzanas de distintas variedades. Para algunos niños fue una experiencia especial, pues nunca habían tenido la oportunidad de probarlas.
El valor de sentirse tomados en cuenta
Uno de los momentos más significativos ocurrió durante las actividades con los adolescentes. Varios de ellos expresaron que suelen ser ignorados en jornadas de ayuda, ya que la atención generalmente se concentra en los niños más pequeños.
“Estaban felices porque sintieron que sí fueron tomados en cuenta. Logramos sacarles una sonrisa en medio de tiempos difíciles”, comentó Anyela.
Este encuentro permitió que los adolescentes hablaran sobre sus experiencias, expresaran sus emociones y encontraran un espacio donde sus historias fueron escuchadas con respeto.
Discipulado basado en relaciones
La jornada se desarrolló en colaboración con los pastores y líderes de la Iglesia Príncipe de Paz, quienes continuarán cerca de las familias afectadas.
También se identificaron iniciativas comunitarias que ya están generando vínculos con niños y adolescentes. Entre ellas se encuentra la labor de un instructor de surf de la zona, quien combina la enseñanza deportiva con estudios bíblicos en comunidades vulnerables.
Estas relaciones locales serán fundamentales para dar continuidad al acompañamiento y evitar que el trabajo termine con una sola visita.
La primera visita no terminó con la jornada de atención. A partir de este encuentro se iniciaron grupos de discipulado en el Refugio Escuela Miguel Zúñiga y en el Refugio Comunidad Mare Abajo, sector donde también se desarrolla la iniciativa de surf que combina la enseñanza deportiva con estudios bíblicos para niños y adolescentes.
Estos grupos recibirán el acompañamiento y seguimiento del equipo de Awana mediante nuevas visitas previstas para los meses de agosto y septiembre. El propósito es fortalecer el trabajo que ya realizan los líderes locales y avanzar en un proceso continuo de discipulado, cuidado espiritual y recuperación emocional.
Como parte de esta nueva etapa, se está utilizando la Guía para la restauración integral de niños y adolescentes en tiempos de crisis. A través de estos encuentros, los niños y adolescentes han podido hablar sobre lo vivido, reconocer y expresar sus emociones, fortalecer relaciones de confianza y encontrar esperanza a la luz de la Palabra de Dios.
Yhey Ortega, coordinadora de la Red Zona 4 de Venezuela, destacó que el impacto de la jornada fue más allá de la atención a las necesidades físicas. “Dios también obró en sus necesidades más profundas. Varios adolescentes compartieron experiencias muy dolorosas, renovaron su esperanza y expresaron su deseo de volver a integrarse a la iglesia local”, afirmó.
En medio de las pérdidas y la incertidumbre, la iglesia local, los líderes de las comunidades y el equipo de Awana en Venezuela continúan caminando junto a estas familias. La primera visita abrió puertas, permitió identificar necesidades y dio inicio a relaciones que seguirán fortaleciéndose en los próximos meses.
Porque el discipulado no se detiene en tiempos de crisis. Por el contrario, es precisamente allí donde la presencia constante, la escucha, el acompañamiento y las relaciones cobran un valor aún más profundo.


