En Maracay, una cálida ciudad en el centro de Venezuela, rodeada de verdes montañas y conocida por su proximidad a la costa caribeña, un tímido niño de 10 años se sentaba cada semana en una iglesia llamada Gilgal (la palabra hebrea para círculo). Era a principios de la década de 1990 y, aunque nadie podría haberlo imaginado en ese momento, ese niño algún día ayudaría a equipar a líderes e iglesias en toda América Latina.
Su nombre es Nacho. Y su madre, Leonor, servía como maestra de escuela dominical cuando fue invitada, junto con otros líderes del ministerio infantil, a asistir a una capacitación de Awana. Ella dijo “sí” a lo que parecía ser solo otro evento de capacitación. Pero ese “otro evento de capacitación” transformó la historia de su familia.

Nacho también fue bendecido con otras personas que invirtieron en su fe a lo largo del camino.
Miguel, un líder y miembro del equipo de Awana desde hace mucho tiempo, se convirtió en un mentor cercano para Nacho, desafiándolo a soñar con el propósito de Dios para su vida.
Años más tarde, Miguel también influiría en Nacho y en su esposa, Mary, para que viajaran a Argentina a prepararse para el ministerio juvenil en el Instituto Especialidades Juveniles.
Con el on el tiempo, Nacho y Mary también sirvieron como pastores de jóvenes en la República Dominicana.
Hoy en día, Nacho se desempeña como Director de Relaciones de Awana Latinoamérica y Director Regional para Sudamérica. Viaja por toda la región capacitando pastores, equipando líderes y ayudando a las iglesias a discipular a la próxima generación. Y le está transmitiendo su fe a sus propios hijos.
La misma Palabra que fue plantada en él cuando era niño, ahora está siendo plantada en una nueva generación.

Ese niño tímido del club de Antorchas se ha convertido en un líder, tanto en su hogar como en el extranjero. Y todo comenzó con una madre fiel que llevaba a su hijo a la iglesia en Maracay.

Leonor comenzó a servir con el club Sparks (Chispas) y poco después, Nacho, que entonces tenía 12 años, se unió al club de Awana para estudiantes de 6º y 7º grado: Antorchas. Nacho era un niño reservado. Hablar en público le resultaba difícil y le costaba relacionarse con los demás. Pero cada semana escuchaba la Palabra de Dios, memorizaba las Escrituras y era discipulado por líderes que creyeron en él mucho antes de que pudiera imaginar lo que Dios haría con su vida.
En 1995, Leonor fue nombrada Comandante de Awana. Por esa misma época, madre e hijo asistieron a un campamento donde conocieron a Art Rorheim, cofundador de Awana, y a Marilyn Glans, una misionera de Awana que sirvió en América Latina durante muchos años.
Pero debajo de la superficie de los eventos y las fotografías, algo mucho más profundo estaba sucediendo: un niño estaba siendo moldeado por la Palabra de Dios.
Leonor todavía recuerda verlo memorizar versículos bíblicos en casa. Recuerda las tardes que pasaban repasando las Escrituras juntos y el esfuerzo constante por enseñarle a amar a Jesús desde una edad temprana.





